Parque Nacional Harz, Wernigerode, Quedlinburg y el Muro del Diablo (Alemania)

Uno de los parques nacionales más grandes de Alemania es el del Harz, entre los estados de Niedersachsen y Sachsen- Anhalt (en español Baja Sajonia y Sajonia-Anhalt) Gran parte del parque lo forma el macizo del Harz donde se encuentra el pico más alto del norte del país, el Brocken (1142 m)
Un lugar mágico lleno de leyendas que el propio Goethe pobló de brujas, gigantes y otros seres en su famosa obra Fausto, concretamente en el acto de la noche de Walpurgis se especifica que la acción transcurre en la cordillera del Harz.
"Las brujas suben al Brocken, la mies es verde y el rastrojo amarillo" Fausto (1808)
En otoño del 2016 nosotros visitamos un pequeño trozo en la zona noreste, siguiendo el curso del cañón que el rio Bode ha ido tallando a su paso.
También visitamos los alrededores donde podemos encontrar las hermosas poblaciones de Wernigerode y Quedlinburg (patrimonio de la humanidad) La primera fue precisamente nuestro primer destino de esta escapada de tres días.

Wernigerode es una pequeña población con un hermoso casco antiguo en el que destaca la plaza del ayuntamiento.
Paseando por sus calles descubrimos un montón de rincones de gran belleza mientras emprendemos camino hacia el castillo. 
Podéis consultar todos los lugares de interés en su página de turismo en este enlace (está disponible también en inglés)
El castillo domina la ciudad desde lo alto de una colina; a él podemos acceder con un pequeño paseo de unos 20 minutos, aunque si alguien lo prefiere hay un trenecillo turístico que lleva hasta allí desde el centro.
La historia de este castillo comienza a principios del siglo XII aunque su actual arquitectura es del s. XIX.  Merece la pena adentrarse en el patio, de acceso libre, que está especialmente bonito en esta época del año pues las hojas de la parra virgen que cubre parte de la fachada ya han adquirido esa variada tonalidad de rojos típica del otoño. Nosotros visitamos también el interior y no nos decepcionó. La entrada familiar (padres y 2 hijos menores de 15) nos costó 15 €. En su página web tenéis en varios idiomas toda la información necesaria.
Antes de dejar la ciudad recorremos los restos que quedan de la antigua muralla.
El segundo día vamos a pasarlo en el parque nacional del Harz, recorriendo un trozo del Harzer-HexenStieg (algo así como el camino de las brujas del Harz) Como dije las brujas están muy asociadas a escritos y leyendas de la zona.
Este sendero de 97 km va desde Osterode hasta Thale y está señalizado con una bruja volando sobre su escoba.
Nos ponemos el calzado de caminar, cargamos nuestras mochilas con agua y algo de comer y emprendemos el último tramo del camino, 13 km que van desde Altenbrak hasta Thale.
Aunque el día no acompaña y gran parte del camino tenemos que hacerlo bajo una ligera lluvia, disfrutamos enormemente de todos los paisajes que nos ofrecen estos espesos bosques.


El camino en general es sencillo, aunque en un tramo tiene una subida bastante fuerte, con parte de escaleras de piedra con enormes escalones, que es aún más complicada si se hace en la dirección contraria a la nuestra. Por suerte no es necesario que emprendamos regreso a pie ya que hay autobuses que recorren los pueblecillos que forman parte de esta ruta; además al alojarte en cualquiera de los hoteles o pensiones de la zona puedes utilizar este transporte gratuitamente (no olvidéis pedir en la recepción que os den sellada  la hoja que sirve de justificante para el conductor)
Nuestra excursión ha discurrido por el valle del Bode (Bodetal) y su cañón y al llegar a la población de Thale, que marca el final del sendero, tomamos el teleférico para ascender y poder contemplar el paisaje desde lo más alto.
Aunque la niebla nos lo pone un poquito difícil.
En Thale, además del teleférico, podemos encontrar múltiples atracciones y espectáculos, en una especie de parque recreativo que hace de puerta hacia el parque nacional. Aquí os dejo el enlace a su web que podéis consultar en inglés. Es también una localidad bonita por la que merece la pena dar un paseíto antes de irse.
El último día de escapada va a dar para un poquito de todo; empezamos con un corto sendero de unos 5 km por el campo para visitar el Muro del Diablo, Teufelsmauer.
Solo un pequeño trozo, claro, pues esta espectacular formación rocosa que va apareciendo y desapareciendo misteriosamente en el terreno llega hasta más de 20 km de distancia.
Parece ser que se formó durante el periodo geológico del cretácico, por petrificación de roca arenisca; aunque la verdad no he podido encontrar mucha información sobre el tema. 
Por supuesto también hay una leyenda para explicar este lugar. Dios y el demonio se disputaban la posesión de estas tierras cuando el primero le propuso al segundo que podría quedarse con la zona montañosa del Harz si era capaz de construir una muralla que sirviera de frontera, antes del primer canto del gallo. Cuando solo faltaba una piedra para completar el muro se escuchó cantar al gallo que llevaba en una cesta una mujer que pasaba por allí. El diablo se puso tan furioso que destruyó el trabajo que había realizado.  
Por eso ahora solo quedan fragmentos de ese "muro del diablo".


Este trozo que visitamos nosotros se encuentra entre las poblaciones de Thale y Weddersleben. Hay una zona de aparcamiento de tierra gratuito (Alte Quedlinburgerstr. 13, Thale. Coordenadas:
51°45'25.0"N 11°05'26.6"E    51.756945, 11.090712)
Desde allí se pueden iniciar diferentes recorridos a pie.
Yo recomiendo disfrutar de esta obra de la naturaleza desde dos perspectivas diferentes, un poco alejado para hacerse una idea de la dimensión global y de cerca, a pie de roca, para quedarse fascinado con la altura.
A tan solo 5 km de allí encontramos la pequeña ciudad de Quedlinburg cuyo casco antiguo, así como su castillo y la colegiata, forman parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1994.
Lo que más especial hace a esta población es su conjunto de más de 1200 casas de vigas entramadas de todas las épocas desde la Edad Media.
Ninguna otra población alemana tiene un conjunto tan amplio de casas con esta arquitectura tan característica.
Pero no es lo único que ver en la ciudad; su plaza principal con su ayuntamiento barroco, así como varias fuentes y esculturas destacan en el conjunto.
 
Todo lo que no hay que perderse en Quedlinburg, así como su historia, podéis descubrirlo en su página de información turística (también en inglés y francés)
En esta  ocasión también subimos hasta el castillo pero solo lo vimos por fuera.
Como podéis ver tres días muy bien aprovechados en los que disfrutamos de lo lindo conociendo sitios nuevos y caminando por la naturaleza y es que el otoño también puede ser una época perfecta para viajar.

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