Castillo de Peles, Bucarest, delta del Danubio y Constanza (Viaje por Rumanía en Autocaravana V)

Sinaia está a pocos kilómetros de donde hicimos noche (y tuvimos la suerte de ver una osa con sus crías) y allí se encuentra uno de los lugares más turísticos de Rumanía, el Castillo de Peles, construido entre 1873 y 1914 durante la regencia de Carol I. 

Nuestro octavo día de ruta comienza con la visita a este castillo que tiene más apariencia de palacio que de fortaleza y que en su día deslumbró a toda la sociedad europea al ser el primer edificio del viejo continente en tener luz eléctrica y ascensor.  
Para la visita aparcamos en el propio parking del castillo (7'23 €) ya que en Sinaia se preparaban para el paso de alguna carrera y varias calles estaban cortadas, así como el acceso a las plazas de aparcamiento.
Desde allí se caminan 850 m hasta el edificio, que se puede contemplar durante casi todo el trayecto.
El castillo está situado en unos grandes jardines y rodeado de bosque; en el mismo entorno se pueden admirar otros edificios majestuosos como el castillo Foisor (entrada previo pago) o un pequeño complejo con restaurante, hotel y tiendas de recuerdos, todo respetando el estilo arquitectónico.
Una vez en la entrada, donde ya se están formando grandes colas pese a que acaban de abrir, nos preguntan si tour reducido o completo (que cuesta exactamente el doble) Queremos hacernos una idea de cómo es el lugar pero tampoco somos muy amantes de ver habitaciones de palacios, así que nos conformamos con la entrada sencilla, en total 16'26 € por los tres (30x2 Lei y 15 Lei) 
Con las entradas en la mano nos dirigimos hacia el interior del patio donde hay otra pequeña cola donde guías en distintos idiomas están organizando a los turistas que han venido en grupo. El patio es realmente bonito y la espera no se hace larga.
Para acceder al castillo debemos ponernos unas calzas de plástico en los zapatos para no dañar el suelo. 
A la cajera se le olvidó mencionarnos que también hay una tasa para fotos, así que en cuanto sacamos el móvil y empezamos a encuadrar se nos acerca una de las vigilantes y nos hace desembolsar otros 8'54 €, pero merece la pena sacar fotos de estas deslumbrantes estancias llenas de esculturas, mármoles, cuadros, muebles de todo tipo de maderas, arañas con cristales de colores y hermosas vidrieras.
La visita reducida resulta referirse a la primera planta, un recorrido circular que permite conocer el gran salón de entrada, varias salas y dormitorios a cual más ostentoso y el pequeño teatro. Probablemente nos perdimos alguna pequeña joya, pero lo cierto es que la visita resultó un poco agobiante por el enorme número de público que éramos y creo que con el recorrido pequeño fue suficiente para conocer el lugar. 
Terminada la visita damos un pequeño paseo por la ciudad donde lo más destacable es el monasterio ortodoxo, pero esta vez no entramos ya que también es de pago y aún están por llegar otros que son más de nuestro interés.
Nuestro siguiente destino es Bucarest, una ciudad que nos decepciono enormemente, aunque quizás contribuyó bastante que llegáramos a ella con mal pie. Primero un atasco de más de una hora parados para acceder a la ciudad, después más de una hora dando vueltas para encontrar dónde aparcar la autocaravana, porque el sitio al que habíamos acudido (encontrado en una app de sitios de pernoctar) resultó ser solo para residentes y encima nos metió por una callejuela donde tuvimos que hacer maniobras para salir. Finalmente encontramos por fin un hueco para aparcar cerca de una estación del tranvía (estamos muy lejos del centro), pero resulta que los billetes no se pueden comprar en el propio tren y una amable señora nos indica que debemos avanzar dos paradas más; tras caminar el trayecto llegamos a las taquillas y pone que cierran a las 14:00 (eran las 14:45) ¡Qué, no puedes comprar el ticket en el tranvía y la taquilla cierra a las dos de la tarde! Desesperados nos acercamos a un taxi, que para nuestra sorpresa resulta ser muy barato para el estándar español y le pedimos que nos lleve al centro; nos sale por 4 € unos 7 km. Con toda la odisea se nos ha hecho muy tarde y aún tenemos que buscar un sitio donde pasar la noche pues la calle donde hemos aparcado está demasiado transitada y no nos gusta para dormir; decidimos prescindir de los parques (aunque había leído que son muy bonitos) y dedicarnos al casco histórico.
El taxi nos lleva por el bulevar Unirii, una ancha calle con grandes fuentes una detrás de otra, que da  directamente a la plaza del parlamento, el segundo edificio administrativo más grande del mundo, solo por detrás del pentágono en Washington. Para construirlo, el megalómano dictador Ceaucescu mando derruir barrios enteros, algunos con edificios de valor histórico. 
Desde allí continuamos nuestro paseo a pie pero lo cierto es que no encontramos nada que nos llamara la atención especialmente, más bien nos llamó la atención lo sucio que estaba todo, la cantidad de grafitis (de los feos) que había y el deterioro de las calles y edificios. Una prueba de lo poco que nos entusiasmó es que apenas tenemos fotos de nuestra visita por la capital de Rumanía.
Por destacar algo, quizás la iglesia de Stavropoleos (1724) fue de lo que más nos gustó
En el centro se puede encontrar un busto de Vlad Dracul, del que os hablé en el post anterior, en un pequeño yacimiento arqueológico donde estuvo situada la primera corte real (Curtea Veche)
Otros lugares por los que pasamos son los edificios de la ópera y el ateneo, la estatua de la loba capitolina amamantando a Romulo y Remo, que se asemeja a la que hay en Segovia y que como esta es un regalo de Roma (también la encontramos en otras ciudades ya que casi todo el país tiene origen romano, de ahí su nombre România)  o el pasaje cubierto Maca Vilacrosse que tiene bonitas vidrieras en el techo, pero si vais con niños pequeños tened en cuenta que se trata de una sucesión de locales con mesitas en la calle donde la gente está fumando en pipas de agua.
Dejamos Bucarest antes de que anochezca y nos dirigimos hacia el delta del Danubio, nuestro objetivo para el día siguiente. Este destino era uno de los que más ilusión nos hacía por varios motivos: Primero que este río pasa por la ciudad por la que vivimos, Ulm, y hemos paseado por sus orillas innumerables veces. Otra razón era que conocemos el lugar en el que nace, la pequeña población de Donaueschingen en la Selva Negra, de donde toma su nombre alemán (Donau), y conociendo el nacimiento del segundo río más largo de toda Europa, conocer la desembocadura era casi un reto. Por último, es un río que nos ha acompañado en otros viajes como a nuestro paso por Viena (Austria) o por Budapest (Hungría) donde lo llaman Duna. 
Acostumbrados a contemplar los 70 m de ancho que este hermoso río toma al paso por nuestra ciudad, ver el descomunal tamaño que adquiere al llegar a su desembocadura no dejó boquiabiertos.
El Danubio, al que el mismísimo Johann Strauss hijo dedicó uno de sus célebres valses (el Danubio azul), tiene una longitud de 2850 km, superada en Europa solo por el Volga con casi 800 km más. Como dije nace en Alemania y desemboca en el Mar Negro entre Rumanía y Ucrania formando un extenso delta de 3446 km² que fue declarado en 1991 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y más recientemente también Reserva Natural de la Biosfera por ser el ecosistema de miles de peces, aves y otros animales, así como de unas 1200 especies de plantas. 
Antes de llegar al mar el Dunarii, como lo llaman los rumanos, se divide en tres brazos que crean las grandes zonas pantanosas, terrenos inundados, cañaverales, lagos,... que conforman al delta.
Para conocerlo un poco mejor contratamos uno de los paseos en barca de motor que el propio dueño del camping donde estamos nos ofrece. Se trata de tres opciones de entre las que optamos por la más económica (25 € por persona) que incluye un recorrido de dos horas de duración por 4 de los lagos.
Lo bueno de ir en uno de estos pequeños botes, en lugar de en un barco más grande con otros turistas, es que el trayecto fue muy personalizado. El señor se fue acercando y parando en todo aquello que veía que despertaba nuestro interés.
Fue una experiencia fantástica y creo que no es necesario gastarse más dinero en un recorrido más largo pues nos hicimos una idea bastante buena de cómo es el delta entrando por todo tipo de recovecos.
Y aunque julio no parece ser la mejor época para ver en esta zona aves migratorias, pudimos disfrutar de la presencia de pelícanos, garzas, patos, cisnes, fochas, cormoranes e incluso vimos un par de martines pescadores (qué aves más bonitas)
Además la excursión fluvial terminó teniendo bonificación porque la persona que nos llevaba quiso acercarse a ver si había cogido algo en una zona del lago en la que los pescadores ponen sus redes y con eso el paseo se alargó casi media hora más.

Y parece que él resolvió la cena de esa noche con este magnífico ejemplar de lo que creemos es un lucio 😋

Al terminar los tres estábamos con una sonrisa de oreja a oreja por lo mucho que habíamos disfrutado, especialmente mi hijo que nunca había montado en lancha y no conocía esa maravillosa sensación del viento en la cara cuando vas saltando sobre las olas y el agua chapotea a tu alrededor.
Los tres coincidimos plenamente en que fue lo más divertido de todo el viaje además de ser también una experiencia hermosa.
Con tan buen sabor de boca nos dirigimos al día siguiente a Constanza, una de las grandes ciudades de Rumanía, que posee el puerto comercial más grande del Mar Negro. 

En tiempos del rey Carol I debió ser una ciudad llena de esplendor, convertida en balneario y sitio de veraneo para la clase alta, como muestra su más emblemático edificio: el casino de estilo Art Nouveau.
Pero hoy en día es una ciudad llena de edificios derruidos o en mal estado, como el propio casino que está completamente abandonado a su suerte, con las ventanas rotas y las paredes cayéndose,... solo queda de su vieja gloria esa hermosa imagen en la distancia que puebla todos los catálogos turísticos.
Constanza fue otra decepción, como Bucarest, y me alegro de que nos pillara de paso para regresar desde el delta del Danubio y no hiciéramos kilómetros de más para conocerla. No obstante, como todo lugar, tiene sitios que merece la pena destacar, uno de ellos es la plaza de Ovidio con una escultura del poeta romano y el edificio que alberga el museo de historia nacional y arqueología.
Muy cerca se encuentra la gran mezquita de Mahmudiya (1910) a cuyo minarete de 49 m de altura se puede subir y desde el que se tienen unas estupendas vistas de la ciudad y del mar.
La catedral de San Pedro y San Pablo también es lugar de visita obligada.
Aunque nosotros no pudimos acceder a su interior para contemplar los vistosos murales de su paredes ya que se estaba celebrando alguna ceremonia.


En Constanza encontramos también una estatua de la Loba Capitolina, emblema de la ciudad de Roma que esta suele regalar a otras ciudades; en España podemos verla en Mérida o en Segovia donde se alza desde 1974 cuando se celebro el bimilenario de su impresionante acueducto. La original se encuentra en Roma, en el museo capitolino y está esculpida en bronce. Durante muchos años se creyó que era obra de los etruscos a.C. pero estudios recientes con modernas técnicas de datación han demostrado que la loba fue esculpida en la Edad Media (aunque por su diseño podría tratarse de la copia de alguna escultura anterior) Los niños, sin embargo, fueron añadidos más tarde, durante el renacimiento.
Cuenta la leyenda que Rómulo y Remo fueron dejados en una cesta en el río Tiber por su padre el dios Marte y una loba llamada Luperca que vivía en el Monte Palatino los encontró y los crió. Ya mayores los hermanos decidieron fundar una ciudad pero no se ponían de acuerdo en el sitio exacto donde asentarla y decidieron basar su decisión en alguna señal enviada por los dioses, sin embargo, tampoco se pusieron de acuerdo en la interpretación de dicha señal. Rómulo comenzó a delimitar su territorio y juró que mataría a todo aquel que osase cruzar la línea, pero Remo desafiante la salto y su hermano Rómulo le asesinó, convirtiéndose así en el primer gobernante de Roma que finalmente se edificó en el Monte Palatino donde la loba había salvado a los hermanos.
Si quieres ver la ruta completa con los enlaces a todos los lugares: clica aquí.
En el próximo post: Curtea de Arges, carretera Transfagarasan y ciudad de Sibiu.
Info para autocaravanistas 🚍 
Camping Dan Fisherman (tb. llamado Dan Pescarul) en Murighiol, cerca del delta del Danubio. 45°02'26"N 29°09'22"E Pequeño pero muy agradable, todo de césped con varias duchas y baños. Nos costó 10'60 € más 3'37 € por la electricidad. El sitio es tranquilo aunque durante toda la noche no pararon de ladrar los perros del pueblo. La atención muy amable. Ofrecen rutas por el delta, como cuento en el post. 

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